¿EDUCACIÓN NO FORMAL Y ESCUELA ESTÁN INTERRELACIONADAS?

Visual thinking de @Anasalamanca99

JOÃO ARMANDO GONÇALVES

Ingeniero. Expresidente mundial Scouts (2014-2017). Profesor del Instituto Superior de Ingeniería de Coímbra, Portugal. Doctor en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente con una tesis sobre la implicación de los jóvenes en la planificación y gestión del territorio. Tiene una trayectoria de más de 30 años de participación, como voluntario, en la educación no formal. Durante 12 años ocupó puestos de liderazgo en la Organización Mundial del Movimiento Scout, el más grande del mundo con cincuenta y cuatro millones de miembros. Tras esta participación, fue condecorado en 2017 por el Presidente de la República Portuguesa.

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 (Los párrafos en negrita corresponden a Pepe Menéndez y los párrafos sin destacar, a João A. Gonçalves)

Antes pensaba que la educación era más determinista, que era un proceso en el que se sabía muy bien lo que se quería, y en el que todo se podía planificar para obtener los resultados deseados. Ahora pienso que la educación es mucho más compleja, es un ambiente en el que todo fluye, así que no es posible tener una visión rígida de su organización, ni saber anticipadamente los resultados que vamos a conseguir. En definitiva, antes pensaba que la educación era un proceso planificado y, después de muchos años de experiencia, concibo la educación como un ambiente que crea las condiciones para que las personas puedan desarrollarse.

Seguramente esta evolución viene de tu experiencia larga en la educación no formal, concretamente en el escultismo. ¿Cuál es la aportación del movimiento scout a la educación, en su sentido más global?

De una manera evidente, las fronteras entre la educación formal y no formal están cada vez más diluidas. Por tanto, hay mucha interrelación entre ambas. El escultismo continúa aportando un papel en la construcción del individuo, que la educación formal todavía no da. Hay un conjunto de competencias y de maneras de ser, formas de abordar cuestiones vitales y desafíos cotidianos, que la escuela no da porque sigue priorizando su función como fuente de conocimiento, y menos como fuente de saber ser. El escultismo tiene la capacidad de ayudar a la construcción del individuo desde otra perspectiva. Esta contribución del escultismo al concepto global de la educación no está cubierta por la escuela ni por la familia.

El escultismo tiene una capacidad peculiar de educar en la adquisición de unas competencias que hoy son fundamentales. Un ejemplo podría el liderazgo, que no se trabaja en la escuela tradicional y, en cambio, se promueve bastante en el escultismo. Muchas de las competencias que hoy son consideradas claves se están trabajando más en los ámbitos de la educación no formal, por las características propias de sus actividades, que no en la escuela.

Otra de las aportaciones del escultismo es la llamada a la acción, a intervenir y comprometerse. Por esta misma razón, nos están impactando tanto las condiciones del confinamiento, derivadas de la pandemia. Si la situación se alarga, las consecuencias de la fatiga que provocan tendrán un gran impacto.

Desde hace años, organismos internacionales, como la UNESCO, están insistiendo en que las escuelas ayuden a desarrollar este tipo de competencias transversales, las denominadas “soft skills”, que la educación no formal, como el escultismo, sí que hace años que trabajan. ¿En qué medida la evolución de la escuela hacia esta orientación afecta al escultismo?

Es un tema que estamos debatiendo en el movimiento en los últimos años, especialmente en la evolución de la interacción entre la educación formal y no formal. Se está dando una apropiación por parte de la educación formal de elementos propios de la educación no formal. Es visible especialmente en las metodologías, como son el trabajo en grupo, el trabajo por proyectos o el juego. La escuela tradicional, basada en la exposición del profesor, está evolucionando hacia la integración de métodos más dinámicos. Esta absorción de características propias de la educación no formal me parece una buena noticia porque hace más eficaz el aprendizaje.

Por otro lado, creo que también el escultismo deberá incorporar elementos propios de la educación formal, especialmente en el ámbito de los contenidos. Podría parecer que el escultismo simplemente consiste en actividades lúdicas, como pasear por el campo o vivir algunas aventuras. Pero hoy, tenemos otro nivel de comprensión del mundo y de la relación del ser humano con la naturaleza. Si queremos que los jóvenes tengan un papel más destacado en todo esto y aumenten su nivel de conciencia, necesitan un conocimiento más profundo, por ejemplo, de las consecuencias de sus actos respecto al medio ambiente, al calentamiento global, el derroche energético o de alimentos.

Lo mismo ocurre con el conocimiento de las desigualdades sociales y del impacto de los fenómenos sociales. Es preciso que seamos más conscientes de la importancia de dar mayor fluidez a este tipo de conocimiento para aumentar la conciencia de ciudadanía global, y dar más solidez a nuestra acción como scouts.

Para nuestro movimiento, que tiene cincuenta y cuatro millones de miembros, y es como una gran familia esparcida por todo el mundo, el concepto de ciudadanía global resulta muy cercano, y no conozco muchos movimientos de educación en el mundo que tengan esta capacidad de ayudar a los jóvenes a sentirse parte de una red global.

Es por esto que consideramos enriquecedor avanzar en esta interrelación que diluye las fronteras entre metodologías de la educación no formal y tratamiento de los contenidos, propio de la educación formal, para que los jóvenes lo integren en su manera de actuar en el mundo.

Esto recuerda la idea tan repetida de que para educar necesitamos toda la tribu, y el sentido de iniciativas como la del movimiento de ciudades educadoras. Pero todavía vemos a menudo que la escuela considera que todo esto le corresponde a la educación no formal, a lo que pasa fuera de las paredes de las aulas. En esta pandemia, el ensayista Y. N. Harari ha repetido la importancia de aumentar el conocimiento científico en la escuela, pensando en el mundo en el que ya vivimos. Todo esto nos lleva a una enorme complejidad, tanto en la educación formal como en la no formal, que también parecen vivir una crisis respecto a las diferencias que tenía tradicionalmente con la educación escolar.

La crisis mayor que estamos viviendo es la derivada de una de las razones de ser de la educación no formal, basada fundamentalmente en el contacto con los otros o con la naturaleza. En estos momentos de confinamiento, nuestro movimiento está recibiendo un gran impacto, a pesar de los encuentros virtuales. No quiero ni imaginar el impacto que pueda ocurrir si esta situación se alarga mucho tiempo. Podría afectar a la misma concepción de una educación que exige un contacto directo entre las personas. También soy profesor, y me tuve que adaptar a la situación y a la tecnología. Pero el escultismo es diferente, y las condiciones de la transición son más duras.

¿Crees que, cuando acabe la rigidez de la situación actual y debido a las vivencias del confinamiento, podría aumentar el interés por participar en el escultismo y en este tipo de educación no formal?

Creo que sí en parte porque en esta situación nos hemos puesto de acuerdo en el valor del contacto exterior y con la naturaleza, y su relación con nuestra salud mental. Los propios padres buscarán espacios para que sus hijos encuentren otras experiencias que no sean solo las tecnológicas, y que les aumenten su bienestar. Tengo miedo, sin embargo, que algunos jóvenes, en este tiempo de pandemia, hayan quebrado sus redes de apoyo. Por eso, me parece que puede ser positivo que familias y educadores busquemos otros espacios relacionales y de aprendizajes para los niños y jóvenes.

Desde tu experiencia de profesor y educador en el escultismo, y también como observador desde dentro y desde fuera del sistema ¿qué crees que la escuela debe cambiar y hacia dónde debe avanzar?

Desde mi visión de un mundo ideal, deberíamos avanzar hacia una escuela que sea un lugar donde descubrir conocimiento y personas. La imagen actual de la escuela, al menos en Portugal, responde a un modelo industrial en el que las personas son formadas de la misma manera como si fueran piezas de una maquinaria. Muchas personas creen que no es posible otro tipo de modelo. Pero yo imagino una escuela abierta donde los jóvenes exploran, comparten y se relacionan como si estuvieran en un centro de investigación permanente, no solo en un sentido tecnológico. Hace tiempo, conocí un proyecto en París que se proponía abrir las escuelas en los fines de semana como espacios abiertos donde pudieran ir familias.

Imagino, quizás un poco utópicamente, que sean espacios donde los jóvenes descubran y exploren y, sobre todo, encuentren otros jóvenes. Tendremos que promover una gran transformación entre los profesores y educadores porque no podemos mantener el mismo estilo industrial de formación con el que ellos mismos se formaron. La propia formación de los educadores debería ser más estimulante para que los educadores tengan la voluntad de utilizar métodos nuevos, como dar clase en la calle o en un jardín, y se sintiesen con mayor libertad. Al mismo tiempo, es muy importante que transmitamos una mayor confianza en los propios educadores.

Creo que tenemos un sistema muy jerárquico, que no confía en los docentes. La estructura y las reglas no favorecen la autonomía y la creatividad de los educadores. Por tanto, creo que se debe confiar más en ellos y en su capacidad para hacer las cosas de otra manera. Seguramente, nos encontraremos con unos más creativos y otros menos, pero hay que confiar.

El proceso educativo es un proceso compartido entre jóvenes y educadores. Muchas veces digo que un educador debe ser un facilitador. Les digo muchas veces a mis alumnos que mi trabajo no es enseñar, sino ayudarles a que ellos puedan aprender. Son dos cosas muy diferentes. Yo no debo estar todo el tiempo haciendo y hablando, sino creando las condiciones para que los propios jóvenes puedan descubrir y tengan curiosidad por saber. Utópicamente, me gustaría que la escuela fuera un lugar vivo por donde circularan las personas y el conocimiento, pero, desgraciadamente, ahora no es así.

Parece que este trabajo conjunto entre docentes y educadores, en el sentido más amplio, solo será posible si se cambia la estructura y las jerarquías tradicionales. Creo que no vamos a salir de esta dificultad sino impulsamos un mayor trabajo en equipo de los docentes, no solo en el “back office”, sino a través de la codocencia en las propias aulas.

Sí. Es lo más importante. Recorrer un camino conjuntamente los educadores, docentes y también los jóvenes. Estos deben hacer un camino que los adultos debemos acompañar. Antes decía que los docentes deberíamos formarnos de otra manera, pero también me parece importante señalar que también debemos preparar a los alumnos para trabajar de otra manera. Cuando les propongo otros métodos a mis estudiantes a través del juego, por ejemplo, se quedan desconcertados porque están habituados a estar sentados durante noventa minutos escuchando a un profesor.  Necesitamos educarlos para que estén más activos y participativos. Así, que necesitamos habituar tanto a los docentes como a los alumnos para poder trabajar de otra manera. Y solo lo vamos a conseguir si creamos espacios de creatividad donde puedan desarrollarse y aprender equivocándose.

Una de las ventajas que tenemos en el escultismo es que el error no está penalizado, sino que es una enorme herramienta pedagógica. Por ejemplo, cuando montamos las tiendas de campaña en las salidas, y no lo hacen bien y se cae, no decimos que es malo, sino que al día siguiente tendrá nuevas oportunidades de hacerlo mejor. No ponemos una mala nota como pasa en clase, incluso en casa.

En la escuela tienen que cambiar muchas cosas. Por ejemplo, la evaluación, que no puede reducirse a rellenar un test, sino a pararse, mirar hacia atrás y pensar qué es lo que he aprendido, o qué actividad he hecho en los últimos meses. Debe ser algo positivo, como una síntesis que me permita reflexionar sobre lo hecho y aprendido para mejorar la próxima vez. Ha de ser un proceso cíclico en el que tomemos conciencia de lo que hice mal y bien. Es un tipo de reflexión que nos hace mucha falta, especialmente en la escuela, pero, a veces, también en el escultismo.

A menudo digo que en el escultismo, muchas veces, parecemos una fábrica de actividades. Es una educación para la acción y es lógico que nos preocupen las actividades que debemos organizar, pero muchas veces necesitamos hacer una pausa, mirar hacia atrás y validar lo que hemos hecho. El papel del educador en este sentido es muy relevante. Por tanto, el error es productivo. Los jóvenes tienen que percibir que los educadores estamos para acompañarlos en este camino. Y los educadores debemos percibir que nuestro papel no es transmitir conocimientos, que ya están ahí a disposición de todo el mundo, sino ayudar a descubrir, plantear dudas y favorecer las relaciones, que hoy en día son muy importantes.

Cuando se inicia un sistema diferente, los alumnos también deben aprender a usarla y comprenderla porque, si no, corremos el riesgo de que crean que son ocurrencias que tenemos. El propio concepto del error que comentabas también hay que compartirlo con las familias para que entiendan el sentido que tiene. En definitiva, se trata de un cambio de mirada de todos los agentes educativos. A menudo, en la selección de profesorado, son muy valoradas las personas que tienen experiencia en la educación no formal. ¿Cómo podríamos profundizar en este proceso de confluencia de competencias de la educación formal y no formal?

De entrada, me parece que lo que debemos hacer es aprovechar aquellas personas que tienen experiencia en los dos ámbitos, y decirles que no hacen mal en experimentar. En todos los procesos de cambio debe haber unos “champions”, o sea unos agentes que sean un núcleo más pequeño con mayor facilidad para el cambio. No podemos esperar que se dé manera instantánea en todos, así que debemos identificar a ese núcleo y estimular que vaya haciendo y, por contagio, se vayan sumando el resto de docentes. La formación puede ayudar, pero lo más importante es que esas personas que ya están haciendo cambios no se los reserven para ellos ni tengan miedo de mostrarlo a otros. Ya sabemos que es posible que la mayoría, al principio, se muestre extrañada, pero el cambio solo será posible de esta manera.

La educación es un proceso complejo en el que influyen varios agentes. En el acercamiento que estamos haciendo en el escultismo en los últimos años, decimos que nuestra misión es contribuir a la educación de los jóvenes. Cuando decimos contribuir, nos referimos a que solo somos uno de los muchos agentes que existen. Yo no puedo afirmar que el escultismo sea más importante que los demás, pero tampoco creo que lo sea la escuela, ni que la familia sola sea capaz de educar. Una persona recibe influencias de muchos sitios y agentes. Cuanto más consigamos que dialoguen entre ellos, mejor será para la educación de los jóvenes.

Uno de los aspectos en los que estamos insistiendo a nuestros educadores es que conozcan bien a los padres, a los profesores o cómo funcionan en el club deportivo o en la asociación a la que pertenecen los jóvenes. Es la manera de personalizar porque cada uno de ellos es diferente. Es muy laborioso, sin duda, pero debemos evitar que los educadores se queden encerrados en su burbuja, y animarlos a que salgan y conozcan los entornos en los que se mueven los jóvenes.

Yo lo hago con mis alumnos del instituto. Les pregunto y me gusta saber lo que hacen fuera de él. Es una manera de conocer mejor su perfil y, así, poder adaptarme y aprovechar sus competencias. Es complejo, pero, como decías antes, necesitamos la comunidad entera para educar a una persona. Los africanos lo saben desde hace tiempo, y no lo vamos a descubrir ahora.

Una de las aportaciones de la educación no formal más valoradas recientemente es el aprendizaje-servicio, que ha logrado sintetizar métodos propios de la educación no formal con pedagogías propias de la educación formal. ¿Cómo ha impactado esta evolución en el escultismo?

El escultismo no ha hecho una aportación específica al aprendizaje-servicio como se aplica en la escuela, pero es verdad que el sentido de servicio es una de los acentos más importantes de nuestra propuesta educativa. El escultismo está planteado como educación para niños y jóvenes entre los seis o siete años hasta los veintiuno o veintidós, más o menos.

En las propuestas que hacemos a los jóvenes, especialmente a partir de los diecisiete años, está muy remarcada la idea de servicio. Últimamente, hemos ido introduciendo, en lo que denominamos nuestro método educativo scout, el compromiso comunitario, que, para nosotros, implica la participación en la vida de la comunidad que va más allá de una actividad para convertirse en una forma de aprender.

En estas edades es absolutamente crucial para contribuir a la educación para la ciudadanía, que ha sido una característica desde los inicios del movimiento scout. Como decía un especialista en participación juvenil, nosotros no podemos esperar que un joven, cuando tenga veintiún o veintidós años, vaya a participar en una asociación o en la comunidad, si antes no ha estado habituado a establecer relaciones, a tener iniciativa o a participar en proyectos. No podemos suponer que cuando tenga veinte años estará motivado y tendrá capacidades para hacerlo. Por eso, para nosotros es absolutamente esencial el sentido de comunidad, estar disponible para los demás y aprender de esta manera.

El servicio tiene una doble vertiente. Por un lado, es una contribución efectiva y concreta a la mejora de la comunidad. Y, por otro lado, tiene un valor educativo al incorporar rutinas de servicio. Eso que hoy en día podríamos llamar los algoritmos de servicio, en la perspectiva de que habitúo de tal manera a estar atento a lo que ocurre alrededor y actuar cuando es preciso, que lo acaban haciendo de manera natural.

En el escultismo, tratamos de que salgan del habitual contexto seguro y reservado para aprender a través de su experiencia, que creemos que es superior a hacerlo a base de explicaciones de adultos. Para nosotros, la idea del aprendizaje para el servicio, especialmente en las edades mayores, siempre ha resultado clave y, ahora, todavía nos parece más relevante.

Teniendo en cuenta que uno de los objetivos del escultismo es contribuir a la ciudadanía global en entornos de diversidad, y desde su experiencia como presidente mundial, ¿cómo interpela al escultismo católico la relación con el escultismo laico o con otros tipos de iniciativas muy parecidas impulsadas por otras religiones? ¿Vamos hacia un escultismo al margen de las creencias religiosas?

Hay una gran cantidad de asociaciones de escultismo. Tal, que casi abarcan todas las creencias. En Portugal, España o Italia, el escultismo es muy fuerte. En Francia, por ejemplo, conviven diferentes asociaciones de escultismo católicas, protestantes, musulmanas, judías y otras más. O, en Indonesia, lógicamente, la mayoría son musulmanas. Somos una gran familia en un mundo global.

La formación del individuo en el escultismo se plantea desde el punto de vista físico, emocional y también espiritual, que para nosotros es muy importante. Claro que la espiritualidad se puede vivir de muchas maneras. A la luz de una determinada fe o de otras inspiraciones. Por mi experiencia, creo honestamente que la convivencia y el respeto que se da entre las diferentes religiones en el escultismo podría ser un excelente ejemplo para el mundo entero. Por ejemplo, en mi equipo en la presidencia mundial, había personas de todas las religiones y, a menudo, se daban situaciones en que conciliábamos con total naturalidad el cumplimiento de los ritos respectivos, sin necesidad de apartarse del grupo. Para mí, esta diversidad supone una riqueza impresionante. Y mucho más cuando consigues educar a jóvenes en estos ambientes, y puedes facilitar que se hagan preguntas acerca de las costumbres y creencias de los otros. Tenemos esta garantía de poder educar en la diversidad. Honestamente, en nuestro movimiento, las religiones nunca han sido causa de problemas, y las personas lo viven con mucha comodidad. Creo que podríamos mostrar mucho más este ejemplo de convivencia al mundo porque no hay muchos otros que lo consigan.

Adoro ser profesor. Para mí, educar es dejar una marca. Aquellos que ya tienen mucha experiencia docente saben que cuando te encuentras con una persona que ha sido alumno tuyo, piensas que una parte de lo que es ha sido una contribución tuya. La educación es una actividad fascinante y un privilegio enorme. Como decía al inicio, no es una actividad cuadriculada y con todo definido. Es preciso saber moverse en un pequeño caos, en una nube de ideas y métodos, y de experiencias. Creo que vale la pena que las personas que somos unos apasionados de la educación, continuemos adelante, compartiendo conversaciones, y continuemos soñando conjuntamente, sin pensar que nuestras ideas son locas. Es preciso que continuemos experimentando para conseguir seguir educando a las personas en el futuro.

Publicado por Pepe Menéndez

Soy Pepe Menéndez. Comunicador y consultor en procesos de transformación profunda de la educación. He formado parte del equipo directivo de Jesuïtes Educació, que imaginó, diseñó y desarrolló el proyecto de transformación educativa "Horitzó 2020". Nací en Barcelona el 21 de agosto de 1956. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (1982). Trabajo en educación desde 1981. He enseñado en todas las etapas educativas de la Secundaria y de la Formación Profesional. Convencido que el liderazgo para el aprendizaje y la transformación social puede dar mejores oportunidades a alumn@s y profesor@s.

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